jueves, 16 de agosto de 2007

Instrucciones para evitar lloriquearle a un iPod




Imagino el proceso fabril por medio del cual se compone (conceptualmente) un iPod. Ahí es precisamente donde los empleados de la blanca manzana tienen la luminosa oportunidad de comprender la interdependencia y el Vacío. Sabiendo que iPod se compone de partes, y sus partes de otras partes...

En el quirófano donde el iPod que me robaron fue gestado (seguramente vía cesárea) debió haber tenido un aroma a madera. Aguantó todo tipo de golpes (personales y teledirigidos, ocasionales y colectivos). Cuando pienso en el proceso de transporte, de cómo ese iPod viajaba con su empaque negro y la sonrisa pirata (en más de un sentido) de Johny Depp, veo claramente cómo en su pantalla podría haber algo más que el reflejo de la obscuridad estertora del empaque y esa melosa capacidad para ser empacado en blisters que sólo Neil Armstrong pudo imaginar.

El acecho al almacén era como el cunero natural y caluroso. Perdía la garantía si perdía también alza en el precio por comprarlo en Indianápolis. Fair enough. Una cubierta de hule estilizado que no debería costar más de unos pícaros centavos de dólar salió en USD $27. (ahí fue donde se equilibró el deal y tal vez desde ahí se gestaba el complot: dejar que cargara lenta y estudiadamente el inocente aparato para que cuando el momento fuera dictado, regresara a manos de una potestad aún desconocida.

Cuando lo liberé del Pirata del Caribe y lo conecté a la música previamente instalada en la computadora, fue como inventar el proceso de alimento en una placenta, y al ver que se prendía su pantallita, imaginar sus primeras palabras.

El resto fue solaz.

Inventé ingeniosos nombres para playlists dignos de ser tocados en ocasiones emocionalmente paradigmáticas: "Música para apagar la luz y ver qué pasa", "Música para patear perritos totalmente desnudo a la luz pública", "Música para recordar que Justo-Este-Momento se compone de ESO", "Música para abrir las puertas del bule de par en par", "Música para treparle al estéreo en la troca durante el trayecto de Piedras Negras a Nogales"...
Cada estado anímico tenía su playlist. El chiste era dejarse tocar por una emoción y no por una elección. Si es cierto que la música es un proceso de reconvención del instante a costa de seguir siendo un surgimiento dependiente, la música dentro del iPod no fungía más que como un testigo del día.


Tenía suficientes motivos -como todo aquel que cree poseer un iPod- para pensar que ese, justo ESE, era único e irrepetible. Las conferencias de Dharma fueron lo que en un principio pudo haber dolido, pero consecuente al tema preciso que al menos quien tenga el aparato en sus manos, tenga a bien picarle play y husmear lo suficiente, antes de borrar la memoria del ahora adoptado aparato, ahora lúcido reflejo de la impermanencia misma.


martes, 31 de julio de 2007

Instrucciones para brincar en una cuerda floja

La cuerda floa lo es, por evitar salir de su zona de confort.
Una cuerda floja evita levantarse junto su dueño (el mejor postor) y unirse al alarido que conviene al usufructo.
Una cuerda floja es floja por no ser causa cooperativa en el trànsito de su amable transeúnte en turno.

Cuando tensas la calma y la cuerda, pareces ver dos cuerdas uniéndose lentamente y dos calmas disuadiéndose rápidamente. Por eso el primer paso es saber que no hay cuerda. Si no hay cuerda, tampoco hay caída, mucho menos llegada (abajo o al otro lado del poste).

Ya que tomaste esa previsión, lo mejor es ver rápidamente hacia abajo (imposible no hacerlo): colores retumban y miriadas de albinos pumas convertidos en túneles benefactores de la histeria se manosean el rostro para ser el primero en invitarte a su espacio (myspace).

La condición de haber visto lo que hay abajo es no volver a verlo. Ya lo conoces, y no se desea lo que no se conoce. Con la instrucción de saberse apetitoso del momento, cada paso es un sahumerio y tú la esencia.

Con cítrico humor conserva el punto de unión con la cuerda comparsa y registra la mitad del terreno como un ecuador o un ombligo de la Luna. Ya ahí, es hora de voltear hacia arriba. Extiende las alas, brinca y pregona la no-cuerda. Siente cómo haces levantar temprano a la cuerda, como le das sus Corn Flakes y la despellejas empezando por el arquetipo que tiene de sí. Desaforadamente gritarlo todo. Empujar la inercia al lado contrario y desnudarse ahí, en esa no-cuerda. Seguir gritando si caes o si te elevas, pero hacerlo y saber que la otra mitad es cuestión sólo de tiempo.

jueves, 12 de julio de 2007

Instrucciones para seguir creyendo que esto existe tal como aparece.



Un solo paso basta para confirmar que dada la identidad con la que has intimado los años que tienes (o que crees tener), se vuelve máxima e irrefutable autoridad.

Entra a un centro comercial. Trata de ser inmune. Pero verdadera y legítimamente inmune. Hemos estado acostumbrados a crecer y creer que somos el cuerpo que habitamos, y de ese modo dejamos de lado por lo menos una mitad de oportunidades que tendríamos para desarrollarnos como civilización.

¿En qué se te va el dinero?

¿En qué se te va la energía?

Habría que identificar muy bien esto y ver que el fitness way of life, como lo más anticuado y out tienen una pieza clave en común: son imputaciones que hacemos. Artificiales. Condicionadas. De otro modo, nos la creemos todita, y ni siquiera reparamos en esto, y compramos lo más inútil, roto y de mal gusto, si es preciso; estridente o francamente ridículo, si está de moda; cuando lo único evidente es que perpetuamos los acondicionamientos compulsivos que nos vuelven aún más ciegos ante el hecho de que no somos nuestro cuerpo, menos aún lo que te pones o lo que te quitas.

Ajá. ¿En busca de qué?

Por supuesto, de elementos que a la larga aporten felicidad. Pero erróneamente crees que existen o se nos prometen en el concilio social, cuando están exclusivamente en uno.

¿Eres presa de qué compulsiones?

lunes, 9 de julio de 2007

Instrucciones para pretender enviar todo al diablo



What the heck?

Estas tres palabras lanzan una encomienda bien centrada en su orografía lacustre, donde en lugar de pozo de los deseos, se extiende un insensato rescoldo al momento álgido.


Si lo que se pretende es hacer trizas una expectativa, cualquier detonador es viable. La expectativa es la antesala de la decepción. Por eso practícala cada vez que desees esto.


Si sólo se trata de un arrebato como quererte lanzar de un octavo piso por un choque de trenes emocional, tal vez baste con estirar el tiempo, cortar la lengua y comportarse como un pedazo de madera (soy un pedazo de madera, soy unpedazo de madera, soy un pedazo de madera...). Así no habrá salvas que rescatar no rescates que salvar.


Ahora que puede que se trate de limar un comentario mal aplicado. Aquí la situación es quirúrgica. Por eso valdría más la pena ser un gran pedazo de madera. Si por los grados Kelvin no se aguantan las ganas de decir (así sea en bajito y balbuceadito) lo que se tiene que decir, entonces habrá que procurar que sea algo de lo que sabes, deberás hacerte responsable y pararte derechito.


Si de todas estas, además recreas un intro mix que genere entropía humana y parezcas antropófago, entonces -en una de esas- quizás sí puedas ser malabar de octavo piso, o empezar a recordar que todo lo que haces, todo lo que dices y todo lo que piensas genera consecuencias.

viernes, 1 de junio de 2007

Just Jamming II

¿Qué es lo más luminoso que guardas dentro de ti? ¿Es permanente o impermanente? ¿Es absoluto o está compuesto de partes? ¿Y el resto de la realidad no es precisamente así?





¿Y si dejáramos de querer tener razón todo el tiempo y comenzáramos a aprender a vivir y a ser simplemente felices?





¿Qué pasaría si se pusiera de moda dejar de estar de moda?





Hay veces que sospecho que el llanto no tapa el decoro del rostro, por el contrario, lo clarifica.












jueves, 31 de mayo de 2007

Instrucciones para evitar sentirse mal cuando se está solo



Haciendo a un lado los motivos, vale la pena explorar si el hecho de estar solo genera por sí mismo un estado de ansiedad, de pánico o de tristeza porque no hay alguien más en la habitación, porque no hay con quien compartir el Dr. Pepper, o porque somos tan egoístas que ni siquiera soportamos la idea de no tener alguien a nuestra merced emocional para golpetearlo con nuestras displisencias.

Hay de soledades a soledades. Por inicio habrá que comprender que soledad no es solitud. Soledad es el estado en que se está solo acompañado de uno mismo. Solitud no. Llegada la solitud, la desesperación cunde por el descobijo nervioso que genera la incertidumbre o la desazón, la febril ansiedad o la preferencia de tener alguien -quien sea- cerca-. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué consecuencias?

¿Cuándo es cuando se está más solo?
¿Cuándo uno puede decir que verdaderamente se quedó solo?
Curiosamente, al inicio y al final de la vida: un momento después del nacimiento y otro momento posterior a la muerte.

No sólo subsiste la idea de la permanencia de los elementos que rodean nuestra experiencia vital, sino que se ha vuelto una demanda cotidiana. Esto se vuelve paradigmáticamente doloroso por ir en contra de la naturaleza cambiante de la realidad. De ahí que una primera estrategia sea el evitar la confusión del aferramiento. Pero hasta la médula. O viéndolo de otro modo, ¿qué te podrías llevar en tu transición de muerte? ¿Y te lo vas a poder llevar?

Desgraciada y constantemente confundimos propiedades y cualiades que en los objetos percibimos y creemos que como aparecen a nuestros limitados sentidos, existen. Esto hace imaginarlos estables y definitivos, con propiedades inherentes y que transmiten cualidades definitivas a los poseedores de ellos.

De ahí brinca la segunda estrategia: busca la Mente no conceptual. Tremendo salto, el volverse un Nampa, alguien que ha dejado de verse distraído por la percepción sensorial externa.

Así sobrevendría la aceptación experimental de la naturaleza impermanente de la realidad, tanto fenoménica, como del mismo percepctor. Se acepta y se vive el cambio.

Al morir, se desorganiza el cuerpo. Con ello la autoimagen. Pregunta: ¿Cuánta energía y tiempo dedicamos diariamente al cultivo de estas materias? ¿A qué es conducente?


Si bien estamos repletos de desequilibrios cognitivos, emocionales y de atención, tenemos la capacidad de cobrar conciencia de Justo-Este-Momento y evitar la suposición de que la existencia que tenemos es supremamente valiosa y al hacer eso, olvidamos su rareza y la impecable posibilidad de aprovechar el tiempo. ¿Te has puesto a pensar que es posible que tal vez no vayas a despertar o a regresar, o que las personas que te rodean y que quieres son igualmente frágiles?

La Kika me platicaba de una persona que por ingesta de mariscos en mal estado, le vino un paro cardiaco y está actualmente en coma.

La pregunta entonces que hacemos al Hades: ¿Cuándo sucederá?
Pronto.
¿Y qué es pronto?
De este instante al momento de tu muerte la vida pasará como un relámpago.

Y pensar que en ocasiones se escucha a personas balbucear: "Voy a matar tiempo..."
¡¡¡Con una fregada, es lo único que no tienes!!!

...

Si la muerte sorprende, bien vale el viaje aprovecharla y abrazarla con naturalidad. Se escribe sencillo por el mismo instinto de aferramiento que tenemos a la vida misma, pero si lo ves incluso en términos prácticos, es ser sensible a la ocasión y actuar en consecuencia.

La muerte, entonces, es una gran oportunidad, genera una mecánica intuición con la conciencia.
Puedes ahí reconocer la naturaleza ilusoria de la realidad con la que conviviste durante una vida. Justo como la de un sueño. ¿Cómo se ve el sueño? Al principio es ténue y sabes que es un sueñoo. En medio del mismo es completamente real y mientras te persigue el perro azul con tres cabezas, no reparas a recordar si es un sueño o no y... ¡corres!


Entonces, queda fundamentado que somos obsesivos en lo que tenemos fuera, cuando debemos aprender a estar, y solos. No hay por qué sentirse desamparado. Hoy usualmente se interpreta esto como una pena, más allá de una virtud. Me gusta estar solo, porue lo disfruto, porque estoy reconciliado conmigo mismo, porque hay una proporción significativa de mí que me gusta, que respeto, de la cual aprendo y con la cual convivo.

La muerte nos enfrenta a esta realidad contundente de la soledad: te vas a morir solo. Ni hablar.

Hemos muerto ya muchísimas veces y al parecer no hemos aprendido nada. Cada vez con igual apego o en piloto automático. Mueres y naces en blanco. Habrá que aplaudirle a la memoria de corto plazo y al discursivo acondicionamiento cotidiano que nos entrena a vivir y a morir de ese modo. Familiarizarnos con la muerte ayuda a evitar esta continuidad y valorar por ende la vida.

Ojalá diario fuera la primera vez.
De eso depende la educación de la conciencia.

Pero si quieres haz de cuenta que no leíste esto, que leíste algo estúpido que tenía como tema la muerte y los perros amarillos de cinco cabezas, o que por primera vez tienes interés en vincularte con el hecho factual de que estar solo puede generar un vínculo para desarrollar la conciencia y con esto lograr la comprensión del proceso del vivir... y del morir.