sábado, 4 de junio de 2011
Instrucciones para leer unas instrucciones
miércoles, 20 de abril de 2011
Instrucciones para fumar un cigarrillo
sábado, 19 de febrero de 2011
Instrucciones para abrir (y cerrar) los ojos
viernes, 24 de septiembre de 2010
Instrucciones para ponerle MUTE al mundo
jueves, 20 de mayo de 2010
Instrucciones para llamarse Walter

Escribe un dicho sabio y tu nombre perdurará para siempre
-Anónimo
El nombre no deja de ser un interés mundano. Es correcto que por medio de éste te reconocen y hasta te identifican, pero eso no significa ni que seas tu nombre, ni qué éste te posea.
Tiene unos días que con el explosivo y elegante pase del Santos a la final, comencé a preguntar a muy diversos sectores: “Si fueras futbolista, ¿cuál sería tu apodo?” Esto a cuenta de que el apodo se trata de un designio que muchas ocasiones puede tener mayor tino que el propio nombre. Y sin embargo, ¡no deja de ser un designio!
¿O cómo es que decides ponerle nombre un perro o a un cuyo? ¿O cómo te podrías a ti mismo en este instante?
Tu nombre ni siquiera es tuyo, para empezar. No hay título de propiedad, ni factura que lo demuestre. Tal vez por eso Walter sea la treta que me condujo a replantear la funcionalidad del nombre y su utilidad en la práctica de la vida cotidiana y murmurada. Algo que tal vez utilizan los coches al portar un color, o la esencia al vestir un número.
Pero, ¿qué haces con tu nombre? ¿Te lo llevas a la cama y lo acaricias como a un peluche imprevisto? ¿Te gusta tu nombre? ¿Sabes lo que significa? ¿Reparas en cuánta energía se pierde en la defensa diaria de la reputación de ese nombre? ¡N'ombre!...
Llamarte como te llamas no altera el ciclo lunar. Tampoco decidir designar de otra manera aquello que te circunda. Por ello distinguir que el hecho de nombrar, poco tiene que ver con el objeto nombrado hace que recuerdes la deliciosa garantía individual de llamarte como se te antoje y saber que hay mucho más debajo de ese cascarón.
Wilson, Walter, Wilbur, Watson... Seguramente ya captaste la idea y creerás que le estoy dando vueltas al asunto para completar mis 3 mil caracteres... Bueno, ahora observa lo que sucede cuando cambias de nombre a tus posesiones: en tu elegante underwear: cambia de Ck a Trueno, por ejemplo... ( y continúa con cualquier otra categoría…)
Sin embargo el nombre y las chácharas se quedan en la superficie. No dejan de ser temporales. Los Egipcios enterraban al séquito con el dignatario y su colección de gemas. Los mexicanos sólo vivimos pensando que no vamos a morir. Y en esa certeza se da rienda a un sustancialismo predicador de toda fe en aquello que se percibe: sea un color, sea un número, un nombre (y hasta un equipo de futbol).
La forma en la que solemos relacionarnos con el entorno habla de uno mismo: se busca suprimir aquello que es desagradable e intensificar lo que es placentero. Esto pareciera idiotamente obvio, pero cuando se logra entender que se trata de una mera percepción y que es en ella en la que reside la carga valorativa y no en el fenómeno externo, la totalidad de la experiencia cambia y con él la importancia del nombre. De cualquiera. De todo.
Por eso da lo mismo que llames a lo que llames como lo llames. Es sólo un mote y de ningún modo es eso. Ahora intenta prescindir -así sea por un día- de lanzar nombres al mundo (ya no digas adjetivos...).
Quedémonos sin nombres por un ratito, que al fin, así es como estamos en este escenario.
viernes, 9 de abril de 2010
Instrucciones para hablar sin teléfono

El silencio es un privilegio, no una obligación.
No han sido pocas las ocasiones en las que solito me he metido en problemas y ni se me había ocurrido que eso terminarían siendo.
A veces me gustaría practicar una resonancia magnética por cada parte de mis pixeles para ver dónde es que tengo ese imán. Y entre más lo pienso menos claro es.
Somos seres con tremendas carencias, entre ellas, la que faculta ponderar el modo más pertinente para llenarlas. Por eso, por la ingente necesidad de llenarlas (desde la condición social de reconocimiento hasta la perla sexual que parece ser panacea) hace, y no en pocas ocasiones, que figuremos como minotauro de un laberinto propio.
De por sí la relación interpersonal es como desactivar un explosivo: cada minucioso movimiento puede parecer que no genera mucho... hasta que te ves pidiendo "perdón, perdón, perdón" o "porfa, porfa, porfa". Las variables son tantas y tan complejas que ni se pelan y en cambio se subestiman: "total, ¿qué puede pasar si le digo lo que sé que no debo decirle?"
Somos seres tan extrañamente complejos que ni para advertir eso hay simplicidad. Basta imaginar la intrincada red de tubos y fluidos que cargamos dentro para saber que con esa misma dimensión y conciencia tendríamos que bucear en silencio. Observando el contorno del instante y su entretenida capacidad de describirnos se puede erigir un momento que dé pie a otro. Uno en donde ya no sea el acto de entretenimiento el que mueva, sino el del gusto por entender el sentido del mismo, así sea en silencio.
Para hablar, uno requiere de cadencia, ritmo y contenido. Hay técnicas para modular la voz, pero no así para obtener sentido común. Si en algún momento has hablado contigo mismo, entenderás que el proceso de comunicación es complejo por la carga emotiva y proyectiva que de él se emana. Se crean mundos y monstruos. Salen de la boca serpientes que sin reparo emanas, y tampoco podrás controlar.
Y por más ilusorio que sea el concepto del control, es cotidiano que no se midan las consecuencias de cada letra que se arroja, pero esto es muy diferente a que no haya tales.
Uno es dueño de sus palabras, como de su silencio.
viernes, 10 de julio de 2009
Nstrxns pa scrbr chdo!
Pa q chks ste txt tndrs q pnsr cmo n we q c komunik kon su bnda p’sda. Así d psdo llga a cr entndr sto.
Se trata del tiempo. El preciado tiempo que no da para escribir con las reglas elementales que por supuesto ni siquiera se concen al 25%. Tiempo que arrebatar al iPod, a YouTube, al chat o a Hi5. Por eso, y para destacar lo suelto, divertido y exótico que se danza en esta pasarela, es que las preferencias heterográficas repican por encima de la pasada de moda gramática.
Y no hay asombro de por medio. Si el medio de cultivo ofrece banalidad, comida chatarra, saturación sensorial constante y medios sumamente simples de sobornar la inmediatez, ¿Qué nos haría pensar que el lenguaje -carta de presentación de la mente- no se viera vilipendiado?
Siempre he visto a la comunicación como un puente. Una plataforma que une con diversos medios y cimientos dos puntos equidistantes. Con el advenimiento tecnológico y la cultura del desgano, el chat, la conversación frívola y hasta idiota se han apoderado de una bandera generacional que muestra el desdén no sólo en su escritura, sino que hablar con ellos es como prender la tele (y en el nueve).
Con el celular -que ha pasado de ser un aparato para recibir y hacer llamadas a una indispensable sombra- viene la prestidigitación de teclas para armar un mensaje con el menor número de tecladazos y la oportunidad de decir más con menos, del modo más rpdo posible y spr kool.
Los textos que se envían de cel a cel, constituyen una ? para entender el fenómeno de la comunicación fría y de inmediatez de la cual muchos foráneos de la sensibilidad son presas simples.
Cuando lo kool era traer un tabique en la cintura, el cual desplegaba un texto que había sido dictado a una operadora telefónica, empezó un frenesí que difícilmente parará. El celular será objeto de devoción por donde se le vea: se personaliza, se tunea y hasta se le abraza.
Mandar un mensaje por beeper era interesante: tenías que marcar un teléfono donde una atosigada señorita se chutaba todas las historias al minuto (he ahí la prehistoria Twitteriana) de personas que ni pretendía conocer, pero aparentando singular interés.
Estar “conectado” literalmente es estar IN, sin importar si eres un chofer de camión de basura, un niño de kínder o una abuela desalmada.
A tal grado el celular se ha apoderado de nuestro espacio, que está penalizado manejar mientras uno conduce un vehículo, haciendo el símil de contar con la misma atención que un borracho. (Ahora es cuando contabilizo los borrachos que conozco que encima van hablando por celular) Se estima que cerca de 73% de los usuarios ignoran esta norma y si tienen necesidad, suena el teléfono o no hay poli cerca, le dan rienda al manos cautivas.
El primer SMS (Short Message System) se envió en 1992. Al día de hoy, salen de China 845 millones de textos por día. Más de un 70% de usuarios de teléfonos celulares mandan msjits. Esta práctica por sí sola representa una ganancia del 20% de las utilidades de las operadoras telefónicas. Un 94% de los jóvenes de 18 a 24 años mandan mensajes SMS. De éstos, un 34% manda arriba de 36 mensajes por semana. 14% de la población manda mensajes con propósitos de negocio. La hora pico de actividad en mensajes de texto es entre las 10:30 y las 11:00 pm. En México hubo 75 millones de mensajes de texto diarios en el 2007.
El pulgar parece moverse en fast fwd utilizando iTap o T9, un sistema predictivo que pocos adultos comprenden o valoran, a la hora de lanzar la cita para el prty.
Estas comunicaciones suelen ser ligeras o casuales -K nda komo tas??? Io aKi kaNsaDon, pro chdo!!!- pero escribir y recibir txts es una forma de estar ligados y conectados, así sea ligeramente. Ya no importa la calidad, sino el hecho de estar IN.
Modismos y neologismos se visten con reglas de cualquier naturaleza: t vs ftl!!. EL MENSAJE CON MAYÚSCULAS significa que le estás PONIENDO UNA GRITONIZA singular. Y si combinas mayúsculas con minúsculas, súper original, especialmente en el Messenger.
El uso kañón de la K, letra en franco desuso, vuelve la comunicación rebelde y con karakter. Mientras tanto, los depositarios emocionales de lo que no se pudo transmitir por medio del texto son caritas escritas con caracteres como : ), conocidos como emoticones.
La edición del teléfono de Mamá (“ayyyy: ¡rosita!”), de RBD, el que traiga cámara de 4 MPixeles, la oleada de microchangarros que venden la fundita, la fundota y el calcetín decorativo (para el niño-para la niña) sin mencionar las cruzadas para conseguir el ringtone de los Transformers, El Padrino, o “Tamales calientitos” hacen del aparato un juguete, un símbolo y un compañero de textura aún por descifrar.
Desafiar la naturaleza del arte comunicativo nunca estuvo más a la mano: ¡en nuestras propias células!
Nmás x no djar.
Tu q uso l das al cel?
Ns vmos!



